A aquella misma hora Rubén salía de casa. Tenía una entrevista en una empresa de transportes en la que trabajaba un colega suyo. Sabía que por enchufe podía conseguir aquel trabajo, ya que su amigo ocupaba uno de los cargos importantes de la empresa. El problema era que si le daban aquel trabajo tendría que viajar mucho, aunque bien mirado a él le encantaba viajar, así que no sería un problema sino más bien un alivio porque no pasaría tantas horas con Ester. Madre que mujer, no le dejaba ni a sol ni a sombra, qué pesada era, pero en la cama era una máquina. Y eso para Rubén era lo más importante.
Alicia salió de casa dispuesta a todo. Aquella noche iba a arrasar. Ese chico no se resistiría a sus encantos. Había quedado con él en una plaza solitaria, algo que nunca se había atrevido a hacer antes, era demasiado miedosa y sin embargo ahora había decidido dejarse guiar por su repentina locura.
Diez minutos más tarde Alicia estaba sentada en el mismo banco de siempre. Se había puesto sus vaqueros favoritos con un jersey cuello cisne en los mismos tonos. Llevaba el pelo ondulado y se había maquillado algo más de lo habitual. Estaba radiante y segura de su triunfo.
Unos minutos más tarde un coche con la música a tope dobló la esquina y se detuvo unos metros más atrás de donde Alicia se encontraba. Un chico moreno y bastante desgarbado bajó del vehículo y se dirigió hacia donde ella estaba.
-¿Tú debes de ser Alicia?-le preguntó haciendo un guiño.-
Alicia sonrió y, decidida a seguir con su plan al pie de la letra, se lanzó hacia él y comenzó a besarle como si le fuera la vida en ello.
El chico
era guapo eso era innegable pero ella no sentía por él nada más que atracción
física por él y con eso le bastaba para llevar a cabo su plan. Un plan de venganza por
todo el daño que le habían hecho a ella. Un plan que tenía que tener como
resultado final enamorar a Sergio sin salir dañada naturalmente. Ella solo se
divertiría, jugaría con él, lo seduciría y cuando finalmente él estuviera
enamorado, rompería con él de la forma más dolorosa posible. De este modo
decidió dejar atrás sus principios y hacer cosas que nunca se había atrevido a
hacer antes en una primera cita. La finalidad era lo que realmente importaba y
estaba dispuesta a cualquier cosa por conseguirlo lejos de saber que aquello se convertiría en una necesidad.
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