La tarde está nublada. Unas amargas nubes grisáceas encapotan todo el cielo cubriéndolo de soledad y tristeza. El día está oscuro, las nubes lloran como si echaran de menos al brillante sol. Hoy el sol no juega con ellas, no las atrapa y libera a su antojo.
Desde una ventana observo la escena y se me antoja la más bonita de las funciones, la más romántica historia de amor. La mujer es la nube, que acostumbrada por la presencia del hombre, llora la ausencia de este reencarnado en el sol. Y pensando esta historia y observando este cielo, te pienso a ti, te sueño. Te imagino y no puedo evitar sonreír al pensar que al igual que la nube necesita al sol, yo te necesito a ti que eres mi luz. Esa luz que irradias cuando sonríes, cada vez que tus ojos se encuentran con los míos, o cada uno de esos instantes que nuestros labios corren al encuentro de los del otro en busca de un beso.
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